La web ha ido evolucionando en los últimos 10 años hasta hacerse indiferenciable del software de escritorio. A día de hoy, todos corremos aplicaciones en la nube que funcionan como sus homólogas de escritorio, y paralelamente a este proceso, las apps de los móviles, tablets y dispositivos Post-PC se han ido desarrollando hasta el punto de que una app y una web son indistinguibles la una de la otra prácticamente, es difícil saber dónde está cada una si no nos lo dicen.

Los defensores de las apps dicen que la web nunca tendrá la potencia de una app, y los defensores de la web dicen que jamás una app tendrá la facilidad de comunicación ni de escalabilidad que tiene la web. En lo que ninguno de los dos se para a pensar es que la fuerza de las dos es lo que posiblemente cree la nueva revolución que actualmente se está gestando con las nubes remotas.

Una batalla que no tiene sentido

La «pelea» entre los defensores de las apps y la web no tiene mucha explicación. Los defensores de las apps destacan que solo en las apps podemos guardar la información localmente, pero los avances tecnológicos hacia la nube hacen que sea una tontería destacar como ventaja esto primero. Pero, si bien es cierto que la web ha avanzado muchísimo en los últimos 10 años, cada vez pesan más y eso quiere decir que sin conexión a internet no se pueden ejecutar las webapps, ventaja en la que ganaría sobradamente una aplicación nativa.

El IoT hace que el debate de si habrá internet omnipresente en todo el globo a cinco años vista cada vez sea más absurdo. Por tanto, ¿Triunfará el entorno cerrado de las apps o por el otro lado, se impondrá el criterio de libre acceso de la web?

No obstante, las apps también necesitan retroalimentación desde internet, por lo que llegaríamos acertadamente a la conclusión de que si no internet, no party. Por tanto, nos encontramos en las mismas: solo ciertas apps que no necesiten de internet para funcionar pueden hacerlo sin datos, y lo más probable es que una webapp en las mismas condiciones fuese capaz de guardar en el explorador el software necesario y posteriormente sincronizarse cuando hubiera conexión.

De ahí que la batalla sea absurda: la web llega a donde las apps no pueden por tamaño y capacidad de procesamiento, y las apps llegan donde se requiere una ejecución nativa por imperativo. El internet de las cosas hace que el debate de si habrá internet omnipresente en todo el globo a cinco años vista cada vez sea más absurdo. Por tanto, ¿Triunfará el entorno cerrado de las apps o por el otro lado, se impondrá el criterio de libre acceso de la web?

La web necesita apps, y las apps necesitan a la web

La web ha ganado bastante fuerza gracias a la desaparición de los formatos que no se integraban con ella, como Flash como ejemplo más característico, y la aparición de nuevos frameworks Javascript y HTML5 que permiten hacer cosas que otrora sólo se podían hacer con el odiado Flash.

Por otro lado, las apps cada vez son un entorno menos cerrado para los desarrolladores, que con frameworks como Xamarin pueden code once, publish everywhere. Y a eso debería tender el mercado: a una total sinergia entre aplicaciones y webapps, y que coexistan hasta que solo una de ellas triunfe, que probablemente será lo inevitable. Y sobre este tema te interesa estar informado, ya que la tendencia apunta a ser fundamentalmente IoT y cross-device. El futuro también es contenido, y eso es algo que debes seguir de cerca.